Afrodescendencia, racismo y resistencias en el Caribe

Fuente: Grupos de trabajo de Clacso

La región Caribe representa el espacio donde se inició el desembarco y la colonización ejercida por los europeos a partir de 1492. Este dominio se sustentó en un sistema de clasificación y jerarquización racial que ordenaba los ámbitos de lo social, lo económico, lo cultural y lo político, entre otros, inaugurando así lo que se ha denominado la Colonialidad/Modernidad (Quijano 2000). Este binomio hace énfasis en la función que adquieren la ideología y los discursos como instrumentos y posibilitadores de los diferentes sistemas de poder, retroalimentándose unos a otros. De este modo, el racismo -racialismo para Todorov (1991)- constituye la ideología, práctica y discurso en los que se sustentó la esclavitud, la trata y la plantación, estos últimos como organización económica-política-cultural (Moreno Fraginals 2001).

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La denominada Cuenca del Caribe o Gran Caribe, integrada por Centroamérica, las Antillas mayores y menores, el litoral norte de América del Sur y, a veces sí a veces no, las tierras de Estados Unidos y México que bañan el golfo de México, fue el escenario donde a partir de finales del siglo XV tuvieron lugar los diferentes modelos de colonización de los imperios europeos: España, Inglaterra, Francia y Holanda. A estos se incorporó Estados Unidos a finales del siglo XIX. Cada uno de dichos modelos ofrece particularidades, diferencias y, también, aspectos en común con los otros.

Estos procesos han generado la construcción de miradas y concepciones del Caribe exógenas en las que, históricamente, ha prevalecido el punto de vista eurocéntrico, cargado de prejuicios y estereotipos. Dichas miradas, generadas desde el occidentalismo (Coronil 1999), se encuentran presentes también en las producciones de pensadores, escritores, políticos y académicos de la propia región. Las voces y cosmovisiones de los pueblos afrodescendientes e indígenas son, en la mayoría de los casos, invisibilizadas y excluidas. Como consecuencia, los caribeños están expuestos a que en las representaciones sobre sí mismos, su cultura, tradiciones, historias y realidades prevalezcan imágenes ajenas, folclorizadoras y exotistas (Fanon 1965). Esta práctica cobra vigencia en los discursos históricos, antropológicos y de otras ciencias sociales. Es también la que impera cuando en el orden mundial –neoliberal, globalizado- se define la región como proveedora de servicios, especialmente el de mano de obra barata poco cualificada y como destino turístico. En este contexto, las decisiones que tanto en el sector estatal como en el privado se aplican en el Caribe en torno a modelos económicos, noción de desarrollo, políticas educativas, laborales y culturales, reconocimiento de derechos, participación, emigración, política internacional, entre otros, están atravesadas por lo que podríamos llamar las “políticas de la representación”, es decir, aquellas imágenes que, desde lo hegemónico, interesa que se difundan y conozcan sobre la región. Constituye un propósito del trabajo del grupo analizar los procesos e implicaciones que envuelven estas concepciones, así como indagar en las acciones y proyectos alternos que se generan desde las comunidades y grupos no hegemónicos, quienes aportan miradas y realidades “otras” como parte de sus resistencias y luchas.

Es preciso señalar que colonialidad y colonialismo, este último en sus versiones metropolitano e interno, continúan siendo una realidad vigente hoy en la región que repercute en los múltiples conflictos y problemáticas que afectan a las sociedades y pueblos caribeños. Se observa en la situación actual de Puerto Rico frente a su relación y dependencia de Estados Unidos; en la condición colonial de Martinica, Guadalupe y Guyana francesa; en las antiguas Antillas holandesas, con diferentes niveles de autonomía o de adhesión, pero todas demarcadas dentro de la frontera del Reino de los Países Bajos; en las diferentes posesiones británicas en la región. Pero aparece también, quizás de forma menos visible, en conflictos y ejercicios de dominio como el que experimenta el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina frente al Estado colombiano; en los que históricamente han sufrido por parte de las élites hispanas y criollas las comunidades creoles (afrodescendientes) provenientes de las Antillas que se asentaron en el circum Caribe centroamericano; el que ejerce la República Dominicana sobre los dominicanos de ascendencia haitiana y los inmigrantes haitianos, o el que padecen los ciudadanos haitianos en las Bahamas. En medio de los procesos de globalización, mundialización y de la era tecnológica, el colonialismo y la colonialidad pueden percibirse en el conjunto de la región, no importa qué idioma hable, a través de su definición como destino turístico y promesa de paraíso.

Como ejemplo de las tensiones y disputas que atraviesan la articulación entre el eje de trabajo propuesto, el contexto, las políticas públicas y las dinámicas globales, serviría mencionar que, mientras en 1997 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) inicia las acciones para la realización de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia (Durbán 2001), unos meses después –en 1998- se demanda al Estado dominicano en la Corte Interamericana de Derechos Humanos por negarle la nacionalidad a niñas de ascendencia haitiana que tenían ese derecho. Esta vulneración se repite, ya de forma masiva, con la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional dominicano, de septiembre de 2013, que privó de la ciudadanía a cerca de 250,000 dominicanos. Justo tres meses después, en diciembre de ese año, la Asamblea General de la ONU proclamó el Decenio Internacional de los Afrodescendientes para el periodo 2015-2024.

Otro caso representativo en la región, y en el que el racismo hacia las comunidades afrocaribeñas puede resultar menos evidente, es lo acontecido en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina en el marco de la demanda interpuesta por Nicaragua contra Colombia en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, en 2001. La reclamación territorial y marítima que involucra a los dos Estados caribeños se ha dirimido ante una entidad de incidencia internacional y global, donde los representantes de Colombia provenían de las élites políticas, jurídicas y diplomáticas asentadas en Bogotá. Tanto el gobierno como los negociadores colombianos ignoraron a la población isleña directamente afectada, manteniéndola al margen y en la ignorancia de los procesos. El 19 de noviembre de 2012 se produjo el fallo a favor de Nicaragua, que implicó la pérdida de espacio marítimo del Archipiélago. Esto generó una amplia movilización por parte de la comunidad raizal, isleña y de múltiples organizaciones. Sólo a partir de este momento, y el hecho consumado, el gobierno y las instituciones del Estado empiezan a abrir ciertos espacios a estas comunidades para la discusión y participación con respecto a la problemática.

A la vez que ocurren estos hechos, que involucran un ejercicio de racismo desde las instancias del Estado que debieran garantizar la igualdad de los ciudadanos, emergen y se consolidan múltiples y diversos grupos, movimientos y colectividades que resisten y critican las políticas y discursos estatales, así como los provenientes de otras instituciones y poderes, que vulneran los Derechos Humanos. Para la propuesta de trabajo se plantea un escenario complejo en que el análisis y la reflexión parte de reconocer la diversidad de los colectivos, sus contradicciones, fragmentaciones y conflictos, generados por causas internas o desde los sectores de poder.

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Asimismo, se indaga en el racismo desde su historicidad, formas, prácticas, discursos, ejercicios y poderes, teniendo en cuenta tanto los aspectos en común en la región como las singularidades que adquiere en cada uno de los contextos de estudio y procedencia de los integrantes del grupo.

La colonialidad, entendida como el entramado de clasificación racial que dio pie al denominado sistema-mundo moderno-colonial (Wallerstein 2006; Quijano 2000) abarca las diferentes dimensiones de la vida de las comunidades subalternizadas. Es así como sus prácticas y productos culturales, sistemas de creencias, producción de conocimiento, imaginarios, formas de interrelación, organización socio-política, su historia, tradiciones, modelos educativos y memorias, entre otros, son objetos de inferiorización, descalificación y/o negación (Santos 2009, Zemelman 2011). Los sujetos excluidos lo son junto con su universo material y simbólico, lo que implica lo social, lo político, lo económico, lo histórico, lo ambiental y lo cultural. En el caso del Caribe, esto ha significado que, no obstante ser la población afrodescendiente la predominante, ésta ha debido asumir patrones, modelos y concepciones que tienden a negar su pasado y tradiciones, a naturalizar el racismo estructural y la desigualdad. Por tal motivo, al momento de analizar las dinámicas y problemáticas de la región, un primer acercamiento conlleva la reflexión en torno a la relación afrodescendencia-racismo. Un segundo momento remitirá al binomio afrodescendencia-resistencias, entendiendo que dentro de concepciones y búsquedas emancipadoras, será el reconocimiento y la valoración de lo propio, tanto en su dimensión de pasado como de presente, uno de los ámbitos que posibilite a las comunidades y a los movimientos sociales los elementos de cohesión y sustento de la lucha por la igualdad y los derechos.

En lo que concierne al ámbito académico es necesario señalar que la mayoría de las disciplinas de las ciencias sociales que se consolidaron en el siglo XIX (historia, antropología, etnografía, botánica, economía) surgieron al servicio de la colonialidad/modernidad como formas de establecer quiénes eran el “nosotros” (blanco, civilizado, moderno, colonizador) y el “otro” (no blancos, bárbaros, sin historia, colonizados). En función de esta clasificación se definieron los “objetos” de estudio de dichas ciencias. Es así como la producción de cierto conocimiento científico históricamente ha servido de sustento a la hegemonía occidental y al proyecto colonizador.

Asumir la región Caribe como el eje de la reflexión del grupo de trabajo, y centrarlo en aspectos como la afrodescendencia, el racismo y la resistencia, expresa la necesidad y preocupación de desarrollar aproximaciones y enfoques en torno a la región que se construyan no “sobre” ella, sino “por” y “para” ella. Esto implica un doble ejercicio puesto que, al mismo tiempo que los análisis se centran en los ámbitos desde los cuales se han estructurado las relaciones de poder, desigualdad, marginalidad y exclusión que han incidido en la conformación y devenir de las sociedades caribeñas hasta el presente, se genera el cuestionamiento de nociones, teorías y principios tradicionales de las ciencias sociales y humanas, revelándose las relaciones de conocimiento-poder. Proponemos, entonces, hablar desde una tradición de prácticas, movimientos y escrituras críticas y anticoloniales, al interior de la cual cabe la más reciente perspectiva de la decolonialidad y la interculturalidad (Walsh 2010), que serán consideradas en el marco de otras aproximaciones caribeñas y latinoamericanas.

Constituye un propósito reconocer e integrar en las reflexiones esta amplia y consolidada tradición de pensamiento caribeño en torno a la historia, problemáticas y realidades de la región, en la que se incluyen autores del siglo XIX como José Martí, Atenor Firmin, Ramón Emeterio Betances; y del siglo XX, como Jean Price-Mars, Fernando Ortiz, Aimé Cesaire, C.R.L. James, Lydia Cabrera, Frantz Fanon, Alejo Carpentier, Eric Williams, George Lammings, Juan Bosch, José Luis González, Orlando Fals Borda, Antonio Benítez Rojo, Roberto Fernández Retamar, Ángel Quintero, Jamaica Kincaid, Verene Shepperd, Norman Girvan, entre otros.

Desde el punto de vista metodológico, interesa promover en los trabajos del grupo los enfoques y análisis comparativos. Estos posibilitan sortear la fragmentación y el aislamiento a los que ha estado sometida la región, reconociendo las diferencias, pero también las semejanzas, vínculos y puntos en común que se producen entre los diferentes Caribes. La indagación integraría las múltiples problemáticas desde la complejidad y el universo de interrelaciones históricas y presentes intracaribeñas, así como las interconexiones con el resto de América Latina, África, Europa y Estados Unidos. Estos dos últimos hacen parte de las realidades coloniales y neocoloniales, además de constituirse en destinos principales de la diáspora caribeña. Allí, las interrelaciones se producen entre diferentes comunidades de inmigrantes antillanos; entre estos con sus países de origen, pudiéndose hablar de comunidades trasnacionales, y entre los inmigrantes y las sociedades en las que se establecen. Ciudades como Nueva York, Miami, París, Londres y Barcelona, a las que se sumarían las canadienses de Montreal y Toronto, pueden fungir como “otros centros de la caribeñidad” (Benítez Rojo 1989).

Por otro lado, los acontecimientos de los últimos años han hecho de Chile y Brasil países receptores de un importante número de inmigrantes de Haití y de República Dominicana. De este modo, se podrían considerar estas naciones sudamericanas como una especie de “norte del sur” (Santos 2009), que amplían las geografías a tener en cuenta cuando se abordan las dinámicas de las sociedades caribeñas. Las aproximaciones comparativas desde elementos históricos y socioculturales fomentan, asimismo, trascender la noción de Cuenca para establecer conexiones y puentes con otras regiones, aparentemente distantes, con las que se comparten procesos, prácticas y manifestaciones similares y/o comunes. Es lo que ocurre con el pasado de esclavitud y predominio afrodescendiente, con el consecuente racismo, desigualdad y exclusión, en amplias zonas del Brasil o en el litoral Pacífico de Colombia, Ecuador y Perú, por solo mencionar algunas.

La propuesta del grupo de trabajo se plantea como un diálogo de saberes en que participan académicos, representantes de organizaciones sociales, de organizaciones no gubernamentales y de entes estatales, pudiendo coincidir varias de estas adscripciones en algunos de los integrantes. Se hace acopio de la trayectoria y productividad académica, así como de otras prácticas y experiencias generadoras de conocimiento, poniéndolas en relación, discusión e integrándolas en los trabajos y procesos de formación e investigación. Se propone un ejercicio transdisciplinar propiciado, además, por la formación y líneas de trabajo de los participantes. De este modo, las reflexiones acerca de la afrodescendencia en el Caribe, el racismo y las resistencias podrán incluir aproximaciones desde la historia, la economía, las ciencias políticas, la sociología, la educación, la filosofía, la antropología, las políticas públicas, el derecho; pero también desde las relaciones internacionales, los estudios de género, la literatura, lo lingüístico, las religiones, las ciencias de la comunicación, las políticas migratorias, lo laboral, lo territorial, los estudios postcoloniales y los estudios culturales.

Bibliografía utilizada

Coronil, F. 1999. “Más allá del occidentalismo: hacia categorías geohistóricas no imperiales”. Revista Casa de las Américas, 214: 21-49.
Fanon, F. 1965. ¡Escucha, blanco! (Piel negra, máscaras blancas). Barcelona: Nova Terra.
Moreno Fraginals, M. 2001. El ingenio: Complejo económico social cubano del azúcar. Barcelona: Crítica.
Quijano, A. 2000. “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en E. Lander (Comp). La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Buenos Aires: CLACSO, pp. 246-266.
Todorov, T. 1991. Nosotros y los otros: reflexión sobre la diversidad humana. México: Siglo XXI.

Benítez Rojo, A. 1989. La isla que se repite. Hanover: Ediciones del Norte.
Quijano, A. 2000. “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en E. Lander (Comp). La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Buenos Aires: CLACSO, pp. 246-266.
Santos, B. 2009. Una epistemología del sur. México: Siglo XXI/CLACSO.
Wallerstein, I. 2006. Análisis de sistema-mundo. México: Siglo XXI.
Walsh, C. 2010. “Interculturalidad crítica y educación intercultural” (pp. 75-96), en Construyendo interculturalidad crítica, editado por Jorge Viaña, Luis Tapia y Catherine Walsh. La Paz: Convenio Andrés Bello.
Zemelman, H. 2011. Configuraciones críticas: Pensar epistémico sobre la realidad. México: Siglo XXI.

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