Procesos y metodologías participativas

Fuente: Clacso

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Toda práctica participativa es dialógica

El grupo de trabajo “Procesos y metodologías participativas” propone como campo de estudio, reflexión e intervención un área que está compuesta por dos dimensiones relevantes al quehacer de los investigadores sociales latinoamericanos: por un lado, se trabajará sobre los procesos de participación social y ciudadana (institucionalizada y no institucionalizada) y las condiciones para su funcionamiento en este continente, y por el otro, el campo de las metodologías de investigación acción participación que acompañan el estudio y realización de estos procesos. En ese sentido, en este apartado se realizará en primer lugar una contextualización sobre los procesos de participación social y ciudadana en América Latina, y luego se presentará el desarrollo de las metodologías de investigación acción participativas.

Procesos de participación social y ciudadana

Siguiendo a Cunill (1997) se pueden identifica cuatro formas de participación (social, comunitaria, política y ciudadana). Tomado está clasificación nos centraremos principalmente en dos tipos, la social, en donde los fines se ubican en el plano asociativo (no contemplando un impacto público) y por ello el interlocutor principal no es el Estado, sino las propias instituciones sociales, y la ciudadana, en la cual las personas se involucran de forma directa en asuntos públicos, generando de esta manera un tipo de interacción particular entre ciudadanos y el Estado para la definición de metas colectivas y medios para alcanzarlos (Villarreal, 2009). A su vez, la participación ciudadana plantea dos variantes analíticas: una en la que las instituciones públicas intentan conducir institucionalmente la participación, y otra, donde la ciudadanía organizada o autónoma busca incidir en alguno de los niveles de gobierno por fuera de los procesos institucionales estipulados (Ziccardi, 1998).

Por un lado, la participación ciudadana institucionalizada nos conducirá hacia el trabajo con los instrumentos participativos puestos en marcha en los últimos tiempos en diferentes experiencias latinoamericanas como ser: juntas vecinales, Presupuestos Participativos, cabildos municipales (accountability), planes estratégicos participativos, consejos consultivos sociales, procesos de planificación urbana participativa, entre otros. Por otro lado, la acción colectiva de las diferentes organizaciones sociales que se mueven fuera de los espacios de invitación del Estado, puede oscilar entre lo que definimos como participación social y participación ciudadana no institucionalizada. El accionar de los movimientos y las redes sociales Latinoamericanas, cuando no forman parte de los mecanismos formales de participación, serían ejemplos de alguna de estas dos variantes de participación.

Estas diferentes formas de participación vienen ganando importancia en América Latina, teniendo como correlato una democracia representativa que viene siendo cuestionada en las últimas décadas tanto en ámbitos políticos como académicos. Uno de los desafíos actuales de las democracias para superar sus déficit es avanzar en términos de “calidad”, es decir «democratizar la democracia» mediante la participación activa de la ciudadanía no solo en votaciones libres, imparciales y frecuentes; sino también en la toma de decisiones políticas y en las exigencias de responsabilidad a los gobernantes (Levine y Molina, 2007; O´Donnell, 2004). Estas propuestas se asocian a procesos de descentralización y empodermiento de la ciudadanía (Noboa, 2012). En ese sentido, se puede afirmar que en Latinoamérica las demandas de participación han tenido un impacto en las constituciones nacionales y locales produciéndose una ampliación de la democracia directa, participativa y comunitaria (Lissidini, Welp y Zovatto, 2014). Al aumento de los mecanismos institucionalizados de democracia participativa que buscan promover la participación en los asuntos de interés público (Welp, 2015), debemos agregarle el aumento y la diversificación de las formas informales de participación (protestas sociales, educación popular, animación sociocultural y otras prácticas de movimientos y organizaciones sociales), en ese sentido, Calderón (2012) señala que éstas han mostrado diferentes direcciones e intensidades, de una parte, encontramos las demandas dirigidas a la mejora de los niveles básicos de acceso y calidad de los servicios públicos, y de otro lado, las demandas más orientadas hacia las dinámicas interculturales (Lissidini y Blasina, 2013). Por un lado, han aparecido en escena nuevos actores (como por ejemplo los Mapuches, Aymaras y otros pueblos originarios) y por otro nuevos temas (matrimonio igualitario, legalización de la marihuna en Uruguay, reivindicaciones estudiantiles en Chile, entre otros) que muestran la superposición de una agenda materialista con otra posmaterialista (Lissidini, et al., 2014).

Muy sintéticamente este es el contexto latinoamericano, en donde se advertirte una intensificación de los procesos participativos que se inserta dentro de una dinámica global de transformación de las democracias.

Metodología de Investigación Acción Participativa

Esta dimensión, es complementaria de la anterior en la medida en que los proceso de investigación acción participativa se orientan a la contribución del empoderamiento y la participación social y ciudadana. América Latina ha sido el escenario de emergencia y desarrollo de metodologías investigativas de carácter participativo (Investigación temática, IAP, sistematización de experiencias, recuperación colectiva de la historia), que han buscado contribuir al empoderamiento de los sectores populares de la población que se movilizan en torno a demandas y derechos colectivos, conformando organizaciones y movimientos sociales de carácter alternativo a los modelos de Estado y economía dominantes.

En efecto, con la Investigación temática incorporada por Paulo Freire a su propuesta educativa en la década de 1960, y principalmente con la Investigación Acción Participativa construida por Orlando Fals Borda y su equipo de investigadores a comienzos de la década siguiente (Gajardo, 1985), las Ciencias Sociales latinoamericanas comprometidas con procesos emancipadores tuvieron una alternativa metodológica al positivismo imperante. A partir del Congreso Mundial de Cartagena (1977), estas metodologías emergentes generan espacios de debate, interacción y proyección, convirtiéndose en una corriente investigativa en movimiento que trascendió el campo de las ciencias sociales, irrumpiendo otros como la planeación, la educación y el trabajo social.

El Congreso Mundial de Convergencia (Cartagena, 1997), evidenció que esta metodología rebelde había alcanzado escala mundial y seguía ampliando sus campos de actuación. La publicación de antologías y libros en colaboración sobre el tema (Brandao, 1987; Fals Borda y Anisur, 1991; Brandao y Streck, 2006; Streck, Sobokka y Eggert, 2014), la creación de la International Journal of Action Research (IJAR) en 2008 y los recientes Simposios de Investigación Acción Participativa llevados a cabo en Porto Alegre (2011), Copenhague (2013) y Bogotá (2015) confirman la vigencia y vitalidad de esta metodología crítica.

La IAP y las metodologías participativas han sido una gran contribución de las ciencias sociales latinoamericanas al saber mundial, y en tiempos recientes se observa un renovado interés en estas metodologías por nuevas generaciones de profesionales y estudiantes, renovando así mismo sus contenidos y propuestas, en el camino de la construcción de democracias participativas realmente sustentables. Es por ello que hoy en Latinoamérica, la investigación participativa, en sus diferentes expresiones, escenarios y agentes, es un campo de práctica investigativa y política ineludible en la comprensión de la actual reconfiguración de las Ciencias Sociales y de los cada vez más estrechos vínculos entre estas y los procesos políticos y movimientos sociales que promueven la participación.

Por un lado, podemos decir que más allá del elogio y el reconocimiento genérico de las virtudes de los mecanismos y procesos participativos como potenciales generadores de transformaciones, se trata de fenómenos perfectibles y que necesitan nutrirse de la práctica, la investigación y de la crítica. Por ejemplo, pese a la multiplicación de políticas públicas participativas no se ha constatado que la participación en estos mecanismos brinde por si misma propuestas creativas para abordar las problemáticas sociales (Ford y Carné, 2009), lo mismo podría decirse de los procesos que tienen lugar fuera de los espacios institucionalizados. De manera que el primer eje vinculado a la relevancia teórica de la temática pasa por pensar en qué medida las agendas de investigación e intervención de los profesionales abocados a la temática pueden aportar al fortalecimiento (a partir del conocimiento) de los instrumentos y la calidad de los procesos. Esto nos lleva casi indefectiblemente a pensar en la propia tarea de generación del conocimiento que llevamos a cabo desde las universidades u otras organizaciones públicas y de la sociedad civil que realizan investigación.

Otro punto relevante en la temática del grupo pasa por discutir aportes metodológicos y generar avances en este campo, sobre todo en lo que tiene que ver con las metodologías participativas de investigación y acción, a través de las cuales se producen procesos de co-creación de conocimientos, eso es, partiendo desde la experiencia vivida de realidades complejas, y conectando desde diferentes perspectivas, modos de conocer y existir (jurídicos, económicos, técnico-instrumentales, espirituales, etc.). Este punto se conecta con el anterior ya que las metodologías participativas no solo implican avances en términos de conocimiento sobre los procesos sino que posibilitan que ambas partes, los investigadores y los ciudadanos, se vean potenciados en su conocimiento. De manera que, mejorar el conocimiento de las experiencias también implica mejorar los procesos participativos. La hipótesis que está detrás de estas innovaciones metodológicas es que la forma de resolver los círculos viciosos en nuestra construcción del conocimiento implica intervenir en el proceso y pensar la resolución desde dentro, con los propios sujetos implicados (Villasante, 2011). La aplicación de estas técnicas, que implican diferentes formas de trabajo con los actores, permite recoger información que muchas veces van mucho más allá de lo que las técnicas tradicionales pueden aportar, debiendo necesariamente a su vez triangular con estas técnicas (entrevistas, encuestas u otras) generando una mayor riqueza informativa.

Los déficits democráticos de nuestra realidad sociopolítica asociados a sus sistemas estructurales de desigualdad, exigen abordajes que promuevan la construcción colectiva de conocimiento, la articulación entre conocimiento y acción, el diálogo entre diversos saberes que planteen visiones poscoloniales, de posdesarrollo y poscapitalistas (Torres, 2014, Sousa Santos 2010, Mignolo 2005) abiertamente orientadas hacia la búsqueda de alternativas locales creativas. El avance de las metodologías participativas se orienta abiertamente en esas visiones y, de la mano de su combinación de reflexión – acción, cuenta ya con procesos significativos de creación de conocimiento por y para los afectados. Además, se hace necesario contribuir desde las metodologías participativas a visibilizar desde el lugar político a los grupos desigualados (por motivo de sexo, etnia, condición económica, etc.) y a combatir dichas desigualdades desde un plano común que permita analizar cómo pensar las diferencias. Desnaturalizar las discriminaciones y combatir la opresión de género, más allá de que las desigualdades de oportunidades de mujeres puedan relacionarse con problemas de otras minorías o con cuestiones político sociales más abarcadoras, implica, sin duda, poner en visibilidad las relaciones de poder entre hombres y mujeres (Fernández, 2009).

En síntesis, podemos decir que las metodologías participativas proporcionan formas innovadoras de conocer fenómenos complejos como los de la acción colectiva y la participación social y política, permitiendo potenciar el conocimiento de las experiencias que se vienen desarrollando en los países de la región, y a su vez por su propia vocación de aprender conjuntamente con los sujetos (Villasante, 2011) permiten mejorar las experiencias al mismo tiempo que se conoce.

Fortalezas de la propuesta frente a las condiciones del llamado

Además de los aspectos conceptuales consignados en los apartados anteriores, la presente propuesta de conformación del Grupo de Trabajo Procesos participativos y estrategias de IAP cuenta con fortalezas interesantes, a saber: a. una dimensión considerable de investigadores pertenecientes a 10 países latinoamericanos (entre los que incorpora a países prioritarios como Bolivia y R. Dominicana) y de otros continentes, particularmente europeos y norteamericanos; b. la constitución del GT de investigadores contribuye a la equidad de género participando similar cantidad de mujeres que de hombres y aportando las distintas formas de subjetivar la realidad y los derechos; c. dentro de los miembros del GT propuesto existe, junto a investigadores con alta experiencia, una proporción importante de investigadores en formación, lo que sin duda justifica y fundamenta aún más la necesidad de contar con esta comunidad académica de aprendizaje; d. La vinculación de las redes de metodologías participativas con movimientos sociales y acción colectiva locales, como elemento importante de una interfaz que busca potenciar mediante la investigación-acción, procesos que apuntan a las mejoras y desbordes en las democracias actuales.

Bibliografia utilizada

Brandão, C.R (1987). Repensando a pesquisa participante. Sao Pablo, Editora brasilense.

Brandão, C.R. y Streck, D. (2006). Pesqusa participante. O saber da partilha. Aparecida, Ideias & letras.

Calderón, F. (2012). Diez tesis sobre el conflicto social en América Latina. Revista CEPAL, 107 (agosto). Recuperado en http://www.eclac.org/publicaciones/xml/8/47598/RVE107Calderon.pdf

Cunill Grau, N. (1997).Repensando lo público a través de la sociedad. Nuevas formas de gestión pública y representación social. Venezuela: CLAD y Nueva Sociedad.

Fals Borda, O. y Anisur, R. (1991). Acción y conocimiento. Bogotá: CINEP.

Gajardo, M. (1985). Investigación participativa en América Latina. En: Documento de Trabajo # 261. Santiago. FLACSO.

Levine, D. y Molina, J. (2007). La calidad de la democracia en América Latina: una visión comparada. En América Latina Hoy, N.° 45: 17-46.

Lissidini, A. y Blasina, E. (2013). Uruguay en la nueva agenda posmaterialista: ¿hacia una mayor autonomía y disfrute de la vida?. Recuperado en http://www.condistintosacentos.com/uruguay-en-la-nueva-agenda-posmaterialista-hacia-una-mayorautonomia-y-disfrute-de-la-vida/

Lissidini, A.; Welp, Y. y Zovatto, D. (2014). La política en movimiento. En Alicia Lissidini, Yanina Welp y Daniel Zovatto (Comp.) Mecanismos de Democracia Directa y Participativa en América Latina. México: ISBN 978-607-02-5407-9.

Noboa, A., Bisio, N., Suárez, M. y Robaina, N. (2013). Participación Ciudadana: La Gestión Pública de los Presupuestos Participativos vista desde sus protagonistas. Salto: UdelaR.

O’Donnell, G. (2004). Democracy, Human Rights, Human Development. En The Quality of Democracy: Theory and Applications. G. O´Donnell, O. Iazzetta and J. Vargas Cullell. Notre Dame, University of Notre Dame Press: 7-120.

Streck, D; Sobokka, E. y Eggert, E. (2014). Conhecer e transformar. Curitiba: Editora CRV.

Villarreal, M. (2009). Participación ciudadana y políticas públicas. Décimo Certamen de Ensayo Político. México: Comisión Estatal Electoral del Estado de Nuevo León. Disponible en internet Recuperado en http://www.ceenl.org.mx/educacion/certamen_ensayo/decimo/MariaTeresaVillarrealMartinez.pdf

Welp, Y. (2015). Participación ciudadana, poder y democracia: apuntes para un debate. En Revista de la Red Argentina del Presupuesto Participativo.

Ziccardi, A. (1998). Gobernabilidad y participación ciudadana en la ciudad capital. México: UNAM y Miguel Ángel Porrúa.

Fernández, A. (2009). Las lógicas sexuales: amor, políticas y violencias. Buenos Aires: Edic. Nueva Visión.

Ford, A. y Carné, M. (2009). Desafíos de la participación en la implementación de políticas públicas. En AA.VV., Construyendo confianza. Hacia un nuevo vínculo entre Estado y Sociedad Civil. Volumen II. Buenos Aires: Subsecretaría para la Reforma Institucional y Fortalecimiento de la Democracia (Jefatura de Gabinete de Ministros, Presidencia de la Nación Argentina), CIPPEC.

Mignolo, W. (2010). La idea de América Latina. La herida colonial y la opción decolonial. Barcelona: Editorial Gedisa S.A.

Souza Santos, B. (2010). Descolonizar el saber. Reinventar el poder. Montevideo: Trilce.

Torres, A. (2014). Hacer historia desde abajo y desde el Sur. Bogotá: Ediciones Desde Abajo.

Villasante, T. R. (2011). Estilos y epistemología en las metodologías participativas. En Pablo Paño y Andrés Falck (Comp.) Democracia Participativa y Presupuesto Participativos: Acercamiento y Profundización sobre el debate actual. Málaga: CEDMA

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