Pensamiento crítico y prácticas emancipatorias

Fuente: CLACSO

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Descolonicemos el pensamiento crítico

Los procesos sociales que están viviendo los países de América Latina en esta segunda década del siglo XX implican procesos de reconfiguración de un nuevo escenario político en la región enmarcado en la crisis global del capitalismo, en la presión desestabilizadora de Estados Unidos y en la ofensiva neo conservadora, que implican un retroceso de las conquistas sociales que tuvieron lugar en el contexto de los gobiernos progresistas surgidos por medio de elecciones democráticas en la década anterior. En el contexto mundial esta crisis se manifiesta en los ámbitos político, económico-financiero, ambiental, derechos humanos, científico, entre otros, y en el fortalecimiento de la hegemonía neoliberal. Procesos crecientes de marginación social y económica, concentración de la riqueza y precarización del trabajo (en el sentido de Castel y Dörre, 2009), crisis migratoria, intolerancia étnica y de género, entre otros, han llevado no sólo al desmantelamiento de derechos ciudadanos sino también al fortalecimiento de grupos y partidos políticos de derecha e incluso de ultra derecha, xenófobos y nacionalistas, en Europa y Estados Unidos.
En América Latina, los gobiernos progresistas que llegaron al poder a través de elecciones democráticas, llevaron a cabo procesos “constituyentes”, a través de una reformulación en el campo de la política y de la economía, logrando avances en la redistribución social y ampliando el ejercicio de la ciudadanía. En esa década se crearon organismos regionales, tales como UNASUR, MERCOSUR, CELAC y ALBA, así como espacios de pensamiento y debate alternativos como el Foro Social Mundial (2001), el Programa Sur Sur de CLACSO y los Foros Sur Sur de Ciencias Sociales instituidos como Foros permanentes a partir del II ISA Forum Buenos Aires 2012, en los que muchos de los investigadores del presente Grupo de Trabajo participaron como organizadores fundadores o expositores y que se han llevado a cabo en Argentina, México, Brasil, Francia, entre otros países.
En ese contexto, los movimientos sociales y ciudadanos cobraron significativa visibilidad, permitiendo pensar en conjunto alternativas emancipatorias, a partir de la resistencia por la vida y la diversidad (Svampa, 2008). Sin embargo, uno de los límites de algunos de los gobiernos progresistas estuvo dado por la falta de convergencia y sinergia entre democracia representativa y democracia participativa. La nueva forma de hacer política implicará lograr esta convergencia (De Sousa, 2016).
El abordaje de estos complejos procesos, requiere una perspectiva de análisis multidimensional, interdisciplinario y de interconocimientos (De Sousa, 2010; Rojas, 2016), que incluya aspectos relevantes como los educativos, ambientales, políticos, económicos, de género y multiculturales. Partimos del hecho de reconocer que “la vida social es un fenómeno multidimensional, cuyas interpenetraciones y dialécticas concretas deben ser analizadas de acuerdo con cada proceso en particular, aun si se adopta una perspectiva amplia en términos espacio temporales” (Domingues, 2009).
Asimismo, este enfoque también requiere de nueva praxis a los investigadores sociales, fundamentada en una perspectiva que rescata, valora y reconoce la pertinencia y el vínculo social del conocimiento, en el marco de una renovada comprensión social de la producción de ciencia y tecnología. Entre los elementos que permiten caracterizar a este nuevo modelo de investigación, se destacan el empleo de metodologías plurales y grupales, la dialogicidad con la inclusión de la perspectiva del “otro” y la interpretación colaborativa o coproducción investigativa, así como la resignificación del conocimiento producido a partir de un análisis participativo y comparativo en contextos culturales y sociales en los que se desarrolla la vida de los actores sociales investigados.
En las últimas décadas, un conjunto de enfoques en nuestra región han tratado de construir un paradigma alternativo de la generación del conocimiento e interpretación de la realidad compleja. Esas perspectivas teóricas fundamentan un nuevo enfoque acerca del conocimiento de pertinencia social (o dimensión social del conocimiento), por considerar que se trata de un modelo que puede ejercer una significativa contribución al cambio social. Este modelo alternativo subraya la orientación y producción social y cultural del conocimiento, a partir de la consideración de la ciencia y la tecnología como procesos dinámico productivos, es decir, “como complejas empresas en las que los valores culturales, políticos y económicos ayudan a configurar el proceso que, a su vez, incide sobre dichos valores y sobre la sociedad que los mantiene” (Cutcliffe, 1990, citado por Núñez, s/f, ¶ 8).
Cuando se habla de innovar el pensamiento social crítico, se llega necesariamente al cuestionamiento de las bases epistemológicas tradicionales que lo sustentan. En razón de ello, será necesario elaborar una narrativa de la Epistemología del Sur (De Sousa, 2009), en la que nos situamos . Plantear, entonces, el contenido de las “ecologías” de los saberes, de las temporalidades, de los reconocimientos, de las trans-escalas, de la productividad, de manera que sean reconocibles por el pensamiento crítico las sociologías de las ausencias y de las emergencias. Pensar la originalidad desde el sur, requiere plantear la crítica holista, abarcante, a la modernidad- colonialidad del poder (Quijano, 2000, 2012; Mignolo, 2001; Walsh, 2004), su cuestionamiento del modelo anglo-euro-céntrico, de las categorías de racismo, discriminación y patriarcado que reproducen la desigualdad, el neocolonialismo y la exclusión social. Ello desemboca en el pensamiento liberador, como lo propone Dussel (2000) en su crítica a la modernidad neoliberal, con su concepto de transmodernidad, en el que la filosofía y la política están orientadas a la liberación de las ataduras neocoloniales mediante una praxis que integra la ética y el principio de alteridad en el derecho y el reconocimiento de la diferencia desde la interculturalidad.
Es por ello que cobra mayor centralidad la producción de conocimiento pertinente y propio en América Latina, entendido como conocimiento que permite la comprensión de los fenómenos sociales en sus auténticas expresiones locales, al tener en cuenta sus múltiples determinaciones históricas, sociales, económicas, ambientales y culturales, trascender las generalizaciones y permitir el análisis de lo histórico-contextual, que lo hacen fenómeno abierto, inacabado, complejo, diverso, con diferentes aristas y perspectivas futuras. Y que apunta a la prefiguración de alternativas, al todavía no que anuncia la emergencia de un sentido otro de la historia.
Este enfoque coloca en diálogo la tradición académica con la voz de los actores sociales, de manera tal que se visibilicen las nuevas emergencias sociales, se supere la mera pretensión de construcción de teoría y se recoja la voluntad de los actores sociales de construir nuevas realidades y nuevas comprensiones conceptuales sobre ellas (Alvarado, 2007).
Este GT se ocupa principalmente de la investigación crítica de la realidad, así como de la posibilidad de prácticas emancipatorias, partiendo de la hipótesis de que el contexto actual atraviesa tensiones, conflictos y contradicciones sistémicas adversas, entre, por una parte, la emergencia e implementación de políticas públicas progresistas y por la otra, la restauración conservadora o neoliberal de desmontaje de las mismas. Asimismo, que las formas tradicionales de producción de conocimiento hegemónicas, que caracterizan al capitalismo, no se han alterado en lo esencial como para incidir o producir un “giro epistémico” que cambie el efecto de absorción e incidencia real del conocimiento social y del pensamiento colectivo emancipador (Martins y otros, 2014).
Siguiendo esta hipótesis y siempre desde la perspectiva multidisciplinar y multidimensional, trabajaremos en conjunto con movimientos sociales que llevan a cabo luchas emancipatorias: 1) contra la crisis ambiental y el cambio climático como producto de un capitalismo depredador de los recursos naturales y que impone los intereses de las corporaciones a los derechos de los pueblos originarios y de las comunidades urbanas, mediante el neo-extractivismo (Acosta, 2012); 2) contra el dominio del capital sobre la evolución científico-tecnológica ensamblada a las fuerzas productivas, que se expresa en una diversidad de formas, por una parte, para direccionar sus contenidos, por la otra y complementariamente, para sustraer el saber colectivo (movimientos críticos al intelecto social); 3) contra prácticas como la discriminación de género, la violencia, el feminicidio, la trata de personas y el abuso moral y sexual: movimientos transformadores como el feminista y el movimiento amplio de mujeres que, conjuntamente con los otros movimientos de identidades genéricas diversas y de derechos humanos, resignifican simultáneamente las relaciones de poder entre los géneros y las generaciones y las relaciones de poder y representación al interior de los movimientos y partidos (Garretón, 2015).

Así pues, es en la articulación entre pensamiento crítico y prácticas sociales emancipatorias donde proponemos trabajar.

El nuevo escenario político en América Latina y Caribe del que hablamos, conlleva  desafíos en el ámbito de la producción del conocimiento.

Las ciencias sociales enfrentan un período de transformaciones y desafíos inherentes a la complejidad de la sociedad globalizada, multicultural y conflictiva de la que somos parte y frente a la restauración conservadora. Profesionales e investigadores de distintos campos de conocimiento, somos interpelados por problemáticas ligadas a la pluralidad de voces e intereses que se combinan,  se enfrentan y se transforman. En tal sentido, postulamos la necesidad de construir un nuevo modelo académico alternativo al hegemónico; un abordaje comprensivo (Svampa, 2008, p. 24), colaborativo y crítico, que trascienda el conocer para constituirse en praxis política emancipatoria capaz de articular las “ausencias” con las “emergencias”.

Loïc Wacquant (2010) considera que el pensamiento crítico más fructífero es el que se sitúa en la confluencia de las tradiciones críticas kantianas y  marxistas y que, por lo tanto, une la crítica epistemológica y la crítica social, y cuestiona de forma constante, activa y radical, las formas establecidas de pensamiento y de vida colectiva, el “sentido común” o la doxa (incluida la doxa en la tradición crítica) y las relaciones sociales y políticas tal como se moldean en un determinado momento en una sociedad dada. El autor “sintetiza la tradición del pensamiento crítico europeo, su mirada de hibridación, e incluso la expectativa de radicalidad crítica. El “pensamiento crítico latinoamericano también ha abrevado en estas fuentes, pero además le ha adicionado la dimensión crítica de contextualidad  regional tal como lo planteara Mariátegui. Lo cual implica por una parte, una fusión teórica con adaptación de la teoría crítica al contexto social, como por la otra, la crítica al pensamiento céntrico por sus contenidos colonizadores (Quijano, Mignolo y Grüner (en Bialakowsky, 2013).

Boaventura de Sousa Santos (2007) destaca frente al pensamiento abismal occidental, que esta teoría debe provenir del sur, señalando que su “interés por aprender del sur encarnó mi objetivo de reinventar una emancipación social más allá de la teoría crítica producida en el norte y de la práctica social y política a la cual ellos suscriben”. Lo que se requiere es una “teoría de la traducción” capaz de hacer mutuamente inteligibles los diferentes hechos, permitiendo de esta manera que los actores colectivos se expresen sobre las opresiones a las que hacen resistencia y a las aspiraciones que los movilizan” (p. 23). En consecuencia, plantea una “relación fantasmal entre teoría y práctica”, por la discrepancia entre lo que está previsto en las teorías y los cursos de acción de los movimientos sociales más transformadores en América Latina. La conciencia de estos límites de naturaleza política -disputa por el poder sobre el relato-, debería conmover nuestros modos de producir conocimiento desde sus mismas bases.

Esto nos lleva a la necesidad de repensar el rol del intelectual en este proceso. Se trata de un investigador e intelectual comprometido y la vez crítico, que contribuya a la  construcción de nuevas alternativas políticas, en el vaivén que se establece entre el pensamiento y la acción, la teoría y la praxis transformadora (Svampa, 2008, p. 33).

La investigación debe procurar encontrar los sentidos atribuidos a las acciones por colectivos sociales situados políticamente. Se necesita “ir a la zaga” del conocimiento producido por los actores sociales en sus medios socioculturales naturales. Se requiere trabajar con los actores sociales en la determinación de los objetivos y propósitos de la investigación misma. Y se necesita también prever el sentido de los procesos presentes y futuros de acuerdo con las dinámicas del poder.

El proceso investigativo aquí planteado se basa en una interacción dialógica, en la cual tanto el investigador como los sujetos de la comunidad forman parte activa.

Si como señalamos en el punto anterior, la vida social es un fenómeno multidimensional y su aprehensión requiere una perspectiva multidimensional, que da cuenta de la diversidad de movimientos sociales alternativos, se hace necesario abordarla desde diferentes disciplinas sociales, epistemologías y líneas investigativas, a partir de una mirada desde el sur, apuntando a la emancipación.

El cambio social en el siglo XXI pasa por diversos aspectos, entre ellos: un cambio de la racionalidad capitalista depredadora de la naturaleza y del trabajo hacia un paradigma orientado a la calidad de vida, la equidad de género, la democracia participativa y la ecología social. Pensamos que estas transformaciones deben articular al menos tres perspectivas:

1. Enfocar  el  cambio  ambiental  global  desde  una  perspectiva  basada  en  los  sistemas  complejos, lo cual   significa  atraer  la  atención  sobre  relaciones  no  lineales,  y  también  sobre  la  posibilidad  de  que  se  produzcan  transformaciones  y  cambios  repentinos irreversibles. Los especialistas en ciencias sociales han contribuido a forjar una perspectiva basada en los sistemas socioecológicos, que aborda el cambio ambientalglobal introduciendo una dimensión humana y una dimensión  social  en  las  concepciones  del  sistema  terrestre  basadas  en  las  ciencias  naturales.  Todavía  queda  mucha  labor  por  hacer  en  este  ámbito” (UNESCO, 2013, p. 8). El  estudio  de  “sistemas  socioecológicos  complejos”  constituye  un  enorme  desafío epistemológico. Significa “abandonar” la  certeza  monodisciplinaria  para  incursionar  en  territorios  desconocidos  e inciertos, pero necesarios frente a la crisis sistémica. Sin embargo, este desafío es común tanto para las ciencias sociales como para las ciencias naturales. Como sin  duda  alguna, un salto epistemológico cualitativo en el desarrollo de las ciencias y del conocimiento, así como la posibilidad de transformar la sociedad.

2. Atender a las transformaciones que apunten al intelecto colectivo, que coloquen en cuestión verdades legitimadas de la producción del conocimiento hegemónico sobre las formas de dominación de los productores individuales. La práctica de esta hegemonía no logra nunca totalmente plasmarse; de hecho debido a sus fisuras o fracturas ideológicas, emergen movimientos que ensayan incidir críticamente en el intelecto social. En esta última década y especialmente en el último quinquenio han emergido en Latinoamérica movimientos sociales dirigidos al cambio del intelecto colectivo, que colocan en cuestión las verdades legitimadas de la producción de conocimiento hegemónico como sobre las formas de dominación de los productores intelectuales. Entre ellos puede citarse emergencias como Yosoy132 y Magisteriales en México, Pingüinos y Confech en Chile, Movimiento de Pase Libre en Brasil, como así las construcciones intelectuales y pedagógicas del Zapatismo, Trabajadores Sin Tierra y Mocase. Resulta así relevante llevar adelante investigaciones comparativas entre diferentes regiones para avanzar e incidir sobre la necesaria soberanía social del pensamiento científico crítico y co-productivo. El abordaje planteado de la co producción investigativa, conlleva “la necesidad de crear puentes entre las ciencias sociales, la política, la ciudadanía” (Bialakowsky, 2011, p.154).
Es así como diferentes actores sociales y políticos participan también a través de su praxis de esta de esta propuesta teórica.  

3. Comprender el grado de profundidad que han alcanzado hasta el momento las transformaciones de las relaciones sociales de género y los obstáculos para alcanzar esos cambios. Las inequidades y desigualdades de las identidades  genéricas, de raza y de clase se potencian para crear dificultades de acceso a las nuevas libertades y derechos que se fueron generando  y recreando desde la década  de los 70  por el movimiento de mujeres a nivel internacional y latinoamericano. Dice Kenneth Gergen (2007): los conceptos de la cultura humana operan como herramientas para llevar a cabo  relaciones. Todo cuanto es “natural”, racional, obvio y necesario está abierto  a la modificación. Para la transformación social se requieren nuevas visiones y vocabularios, nuevas visiones de posibilidad y prácticas que en su mismo accionar empiezan a trazar  un curso alternativo.  Las grandes preguntas que nos hacemos es cómo influir en estas contradicciones desde el espacio académico para tratar de difundir y distribuir las transformaciones de género liberadoras en los espacios sociales de discriminación y desigualdad.

Las y los investigadores que confluimos en esta propuesta provenimos de diferentes países, diversas disciplinas de las ciencias sociales, diferentes  generaciones y géneros, pero convergemos en un punto de encuentro: la relación entre  pensamiento crítico y  las prácticas sociales emancipatorias. A su vez, venimos trabajando en conjunto desde hace  años en foros desarrollados en común en estas temáticas. Así esta propuesta nos permitirá continuar y consolidar con este trabajo coligado, a la vez que sostener y amplificar líneas que en nuestra comprensión científica deben articularse y basarse como condición en una producción participativa colaborativa.
Las líneas temáticas desarrolladas en común en este Grupo han contribuido a enriquecer los intercambios y debates con enfoques Sur Sur de Ciencias Sociales (véase Item 2).

L@s coordinadores del GT son Alicia Itatí Palermo (Argentina); Martha Nélida Ruiz Uribe Ruiz Uribe (México) y Rudis Flores (El Salvador).

Las líneas temáticas: 1.Transformaciones de las relaciones y movimientos socioecológicos globales, que tendrá como coordinadores a Jorge Rojas (Chile) y Alberto Acosta (Ecuador); 2. Producción de conocimiento, capitalismo y movimientos (latinoamericanos) al intelecto social, que tendrá como coordinadores a Alberto Bialakowsky (Argentina) y Ana Cárdenas Tomazic (Alemania) y 3. Investigación y Transformaciones de las relaciones sociales de género, que tendrá como coordinadoras a Beatriz Schmukler (México) y Margarita Zambrano (Bolivia). Contamos asimismo con la colaboración de María Margarita Alonso y Francisco Favieri.

Bibliografía utilizada

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